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2018 Mayo - "El Tiempo Pascual"

Queridos diocesanos:

            La sucesión de domingos desde la solemnidad de la Resurrección del Señor hasta  Pentecostés configura este periodo del año litúrgico que denominamos Tiempo pascual. Son cincuenta días de gozo, tan importantes al menos como la Cuaresma, que ha calado mucho más profundamente en la experiencia cristiana. Pesa aún la idea de que lo más sobresaliente del tiempo litúrgico que sigue al domingo de Resurrección son las fiestas de Pascua, de la Ascensión y de Pentecostés, olvidando que éstas forman parte también de la cadena festiva vertebrada por los domingos. Por tanto, no solo son “tiempos fuertes” el Adviento y la Cuaresma. Por otra parte, las “jornadas eclesiales” que tienen lugar en los domingos de Pascua, si no se mantienen en sus justos límites, corren el riesgo de diluir el significado unitario que debe nutrir la espiritualidad y la vida cristiana. A esto se añaden las Primeras Comuniones que a veces se presentan como un acontecimiento en sí mismo.

            Y, sin embargo, Pascua-Pentecostés constituye una misma realidad de gracia y de gozo: No hay que esperar al último día del Tiempo pascual para celebrar la venida del Espíritu Santo. El Señor lo transmitió a los Apóstoles el día de la resurrección (cf. Jn 20,19-23). No perdamos de vista la perspectiva de conjunto. La liturgia renovada después del Vaticano II habla de la Cincuentena pascual como prolongación del “Triduo pascual de Jesucristo muerto, sepultado y resucitado” y conmemora, durante todo ese tiempo la resurrección del Señor y la  presencia santificadora del Espíritu Santo, el “Don de la Pascua del Señor” que el Padre confió al Hijo Jesucristo para que lo transmitiese a la Iglesia y a los hombres.

Es éste uno de los componentes más significativos de la fisonomía de la Cincuentena pascual que determina un estilo de vida espiritual de fuerte contenido bíblico, patrístico y litúrgico como fruto de la presencia del Resucitado que la Iglesia celebra y vive en este tiempo. La comunión sacramental y vital con el Señor que ha vuelto al Padre y envía el Espíritu Santo (cf. Jn 14,16.26; 16,7; 20,17) es una realidad evocada en la liturgia durante todo el Tiempo pascual. Celebrar este acontecimiento comprende, sin duda, una cierta “experiencia espiritual” de la vida futura ya en este mundo, que se traduce en una mayor vitalidad en la misión de la Iglesia y en el testimonio de los cristianos. Hemos de reconocer que esta realidad apenas se propone a los fieles. La causa se encuentra en el desconocimiento de lo que significa el Tiempo pascual que culmina, como todos saben, en Pentecostés y en su referencia a la misión de la Iglesia y al apostolado de los cristianos.

Conviene, pues, tomar buena nota de todos los rasgos del Tiempo pascual para mantener vivo su significado con el caudal riquísimo del Leccionario dominical y ferial, el Misal y la Liturgia de las Horas. El Cirio pascual encendido es buen recordatorio de todo esto. Esa perspectiva ha de impregnar las Jornadas eclesiales y las convocatorias análogas que tienen lugar durante todo este tiempo. Concretamente, el duplicado de la Jornada del 11 de febrero en el domingo VI de Pascua, denominado “Pascua del Enfermo” (este año el 6 de mayo); la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, coincidente con la solemnidad de la Ascensión del Señor (este año el 13 del mismo mes); el Día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar unido a Pentecostés (el día 20); y la Jornada “Pro Orantibus”, aunque fuera ya del Tiempo pascual pero en la solemnidad de la Santísima Trinidad (el día 27) que es como el eco y la síntesis de dicho tiempo. En todos los casos ha de prevalecer el misterio de la Pascua, Tiempo del Espíritu que transmite el Resucitado.

 

+Julián, Obispo de León

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