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2020 Enero - Fiesta de santo Tomás de Aquino

(S. I. Catedral. Capilla de la Virgen del Camino, 28-I-2020) 
“Invoqué y vino a mí el espíritu de sabiduría”

Sb 7,7-10.15-16; Sal 18                 Mt 23,8-12

            Queridos rectores, formadores, profesores y alumnos de nuestros Seminarios diocesanos de San Froilán y “Redemptoris Mater ‘Virgen del Camino’”  y Escuela “Beato Antero Mateo”, personal administrativo y cuantos nos acompañáis en esta celebración eucarística en la que honramos al Santo Tomás de Aquino, “Doctor de la Iglesia” y “Patrono de las Escuelas Católicas”.

1.- Motivos para celebrar la fiesta de santo Tomás de Aquino

Pero si estos son los títulos oficiales por los que es venerado en el calendario litúrgico, para nosotros, siguiendo la tradición de nuestros Seminarios y centros de estudios diocesanos, ésta fiesta tiene un acento más familiar y cercano en consonancia con la importancia que se ha dado a nuestro Santo en el Magisterio de la Iglesia, especialmente de cara a la formación teológica. En este sentido se podrían recordar algunos documentos pontificios que en el pasado han exaltado y recomendado el magisterio de santo Tomás, instando a todos los teólogos a seguir no solo su doctrina sino también su método de hacer teología. Incluso el anterior Código de Derecho Canónico casi obligaba a seguir el método del Santo en el ámbito de la  enseñanza y del estudio de la Filosofía y de la Teología. Ciertamente, son indudables la precisión, la profundidad y la categoría intelectual de nuestro Santo, así como la seguridad doctrinal que ofrece contra las posibles desviaciones de un pensamiento relativista. 

            Sin embargo tenemos también otros motivos por los que debemos celebrar a Santo Tomás que sigue siendo, ¡cómo no!, el pensador, el investigador y el maestro seguro de las ciencias sagradas, pero sobre todo el santo, el hombre de fe que ha iluminado el estudio, la investigación y la docencia de generaciones de creyentes dedicados a escrutar y a enseñar los misterios de la revelación divina y los principios de la vida espiritual y moral y la práctica pastoral. Recuérdese que la Iglesia, cuando propone a nuestra consideración y, especialmente, cuando celebra en su liturgia la memoria de los santos no lo hace primariamente y tan solo por lo que enseñaron sino sobre todo por el modo como vivieron y procuraron reflejar en su vida la enseñanza. En Santo Tomás se fundieron el saber y la santidad.

2.- Importancia del testimonio de Santo Tomás

            Lo que quiero decir es, básicamente, que hemos de guiarnos y celebrar en primer término el testimonio mismo de Santo Tomás, buscador incansable de la verdad divina y su gran esfuerzo a la hora de ofrecerla y mostrarla a sus discípulos de entonces y de la posteridad. En este sentido Santo Tomás nos invita a todos a realizar la propia vocación y misión con absoluta fidelidad a la palabra de Dios, con generosa entrega a la tarea de cada día y con la confianza en la asistencia del Espíritu Santo para poner en práctica también aquello que se estudia o enseña. De Santo Tomás se ha dicho que supo unir la grandeza de su pensamiento, su labor teológica, con la humildad personal (San Juan Pablo II, Encíclica “Fides et Ratio” n. 43).

            De Santo Tomás afirmó también el papa, hoy emérito, Benedicto XVI, gran teólogo él mismo: “Tomás de Aquino mostró que entre la fe cristiana y la razón subsiste una armonía natural. Esta fue la gran obra de santo Tomás, que en ese momento de enfrentamiento entre dos culturas —un momento en que parecía que la fe debía rendirse ante la razón— mostró que van juntas, que lo que parecía razón incompatible con la fe no era razón, y que lo que se presentaba como fe no era fe, pues se oponía a la verdadera racionalidad; así, creó una nueva síntesis, que ha formado la cultura de los siglos sucesivos” (Catequesis de 2-VI-2006).

3.- La fidelidad a la doctrina de la fe favorece a la cultura 

En nuestro tiempo se ha hablado autorizadamente también -me estoy refiriendo ahora al papa san Pablo VI- de la ruptura entre el Evangelio y la cultura como el drama de nuestra época, un drama en el que, como se ha dicho también, salen perdiendo tanto la fe como la cultura. La fe porque se queda sin estructura racional para darse a conocer, y la cultura porque se queda 'desalmada', es decir, sin un verdadero cauce o camino para realizarse como tarea interior (cf. J. Moreno, La fe y la cultura). Por eso, se hace necesario recuperar de nuevo esa unidad. Pero ¿cómo lograrlo? El estudio y el ejemplo de Santo Tomás puede ser decisivo para hacer frente eficazmente a esa mentalidad relativista según la invitación que hizo en su día el Concilio Vaticano II animando a los estudiantes, especialmente a los candidatos al ministerio sacerdotal, “a aprender e ilustrar los misterios de la salvación y a penetrarlos profundamente mediante la especulación, conducidos por el magisterio de santo Tomás” (OT 16).

Esto no significa en modo alguno que la doctrina de la fe se reduzca al magisterio y a la obra de santo Tomás, como tampoco que con él haya concluido la exposición y el desarrollo de la revelación divina contenida en las fuentes. La labor de la teología debe continuar y de hecho ha continuado también en nuestra época en la que los medios de investigación y de enseñanza superan con creces las posibilidades del pasado. En este sentido Santo Tomás ofrece a nuestro tiempo el importante y decisivo testimonio de la absoluta fidelidad a la palabra de Dios, con generosa entrega a la tarea de cada día y con la confianza en la asistencia del Espíritu Santo para poner en práctica también aquello que se estudia o se enseña”, como afirmaba san Juan Pablo II en su encíclica sobre la fe y la razón (cf. “Fides et Ratio”, de 14-IX-1998, n. 43).

De Santo Tomás, el “Doctor Angélico” se ha dicho que supo unir la grandeza de su pensamiento y la labor teológica con la humildad personal y, en definitiva, con una vida de santidad. Invoquemos, pues, su ayuda e intercesión en este día de su fiesta, sobre nuestros Seminarios y Centros de Estudios, sobre formadores, profesores y alumnos y el personal adscrito.

+ Julián, Obispo de León

Diócesis de León - Plaza de Regla, 7 - 24003 León (España)
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