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2020 Febrero - Fiesta de la Presentación de SEÑOR

Jornada de la Vida Consagrada  (2 de febrero de 2020)
“Tenía que parecerse en todo a sus hermanos”

             Mal 3,1-4; Sal 23                      Hb 2,14-18                      Lc 2,22-40

Hoy es domingo, día del Señor y de convocatoria de los fieles cristianos, pero también fiesta de la Presentación del Señor en el Templo en la que se enmarca, al menos en España, la “Jornada eclesial de la Vida Consagrada”, una iniciativa que invita a tomar en consideración el alcance y el significado eclesial, espiritual y pastoral, de la consagración religiosa. Por este motivo os invito a tener presentes en esta celebración, con sentimientos de gozo y de profundo aprecio y gratitud, a las comunidades religiosas de nuestra diócesis y a todos sus miembros. A la vez invito a orar y pedir por estos hermanos y hermanas nuestros para que su testimonio no decaiga y el Señor les conceda las necesarias vocaciones que den continuidad a sus respectivos dones y carismas.

1.- Presentación en el templo y reconocimiento del Salvador

          Pero centremos nuestra atención en la palabra de Dios que ha sido proclamada. El evangelio refería el encantador encuentro -en Oriente la celebración de hoy se denomina “Fiesta del Encuentro” (en griego, “Hypapante”)- entre el Señor y su pueblo. La escena está cargada de encanto: Jesús, todavía en brazos de su Madre, es presentado en el templo como disponía la ley, siendo recibido con alegría por dos ancianos que vieron así cumplidas sus esperanzas. En efecto, Simeón reconoce en aquel Niño y proclama la gratuidad de la salvación que Dios nos ofrecía en él. Mientras Ana, por su parte, canta las alabanzas de Dios y difunde la noticia de que en aquel Niño había llegado la salvación esperada por su pueblo.

Ambos ancianos, representando al pueblo de la Antigua Alianza, fueron los primeros en reconocer al Niño, alabando a Dios y anunciando el acontecimiento a quienes “aguardaban la liberación de Jerusalén” (Lc 2,38). El anciano Simeón y la profetisa Ana aparecen como portadores de la esperanza de Israel que, en contraste con lo que harían más tarde los jefes y magnates del pueblo durante el proceso y condenación de Jesús, ellos sí lo identificaron y proclamaron como el Salvador de todos los pueblos, “luz para alumbrar a las naciones y gloria de Israel” aunque todavía era un niño recién nacido (cf. Lc 2,25-38).

2.- Dimensión religiosa y misionera de la fiesta de la Presentación del Señor

Este aspecto del evangelio es muy importante porque contiene el anuncio y la revelación por el Espíritu Santo (cf. Lc 2,27) de lo que es la misión y, por lo tanto, la vocación mesiánica y misionera no solo de Jesús sino también de sus seguidores, como se revelaría más tarde. No en vano la fiesta de hoy alude a la difusión universal del mensaje cristiano como acabo de recordar, conteniendo también, al menos en la interpretación de algunos estudiosos del Evangelio según san Lucas, lo que ha sido más tarde la Vida consagrada que hoy queremos tener presente y a la que aludí al principio de la homilía, aspecto que deseo subrayar nuevamente.

En efecto la Vida consagrada, en el marco de la vida cristiana, es fruto del encuentro personal con Jesucristo de unos hombres y mujeres que se han sentido llamados por Él y son conducidos hasta Él por una moción interior del Espíritu Santo. Algo se insinúa también en la actitud religiosa de la profetisa Ana, anciana y viuda, que “no se apartaba del templo, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones noche y día” (Lc 2,37). El evangelio dice solamente que “presentándose en aquel momento, alababa también a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén” (Lc 2,38).

3.- La vocación religiosa, vocación de encuentro y consagración

No es difícil ni forzado pensar que alguna relación existe, ante todo en el ámbito personal, no meramente institucional, entre las referencias a los ancianos Simeón y Ana, especialmente en esta última, y la Vida consagrada. Es indudable que en ambos personajes se produjo un encuentro, no meramente accidental, con Jesús en los brazos de María. En este ámbito personal, la palabra encuentro parece tener un significado singular, yo diría específico y que cambia la vida. No explícito sino tan solo insinuado, concreta y especialmente en el caso de Ana, la profetisa. Anciana y viuda desde hacía mucho tiempo “no se apartaba del templo, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones noche y día” (Lc 2,37). Ese significado nuevo se conoce y se manifiesta en forma de vocación a un estilo de vida específico. En concreto, la vida consagrada.

            Las circunstancias, el momento y el modo han podido ser muy diversos en cada vocación, pero sin duda ha sido el Espíritu del Señor el que ha suscitado o provocado en los hombres y mujeres consagrados a Dios en la vida religiosa, aquella palabra, aquel encuentro, aquel retiro, aquel momento en definitiva que está en el origen de la llamada del Señor. De hecho se ha querido vincular el don o carisma y la realidad eclesial de la Vida consagrada a la fiesta de la Presentación del Señor en el templo. Es para alegrarse y dar gracias a Dios y a los fundadores y fundadoras, la inmensa mayoría de ellos proclamados santos o beatos. Y a la luz de la escena evangélica contemplar la vida consagrada, ante todo, como una extraordinaria riqueza de la vida cristiana y de la Iglesia de Cristo. Pero no solo en términos generales.

4.- Agradecimiento a los consagrados y consagradas de la diócesis

        Por eso, como pastor diocesano y, por tanto, como obispo vuestro, con ocasión de esta fiesta de la Vida consagrada, pensando en los 10 Institutos diferentes de Vida Consagrada que acogen comunidades masculinas, en las siete Ordenes Religiosas de Vida Contemplativa Femenina, algunas con más de un monasterio, y en las veinte Congregaciones de Vida Activa masculinas y femeninas, algunas con varias casas, y en los cuatro Institutos Seculares, junto con la CONFER Diocesana y otros organismos existentes,  no puedo por menos de dar gracias al Señor e invocar los nombres de los Santos titulares o Fundadores y Fundadoras respectivos. Soy consciente de que hay un fuerte descenso en el número de miembros de las comunidades, no así del compromiso religioso y del que se deriva del respectivo carisma de cada Instituto. Quiero daros las gracias también a cada uno de vosotros y a vuestras comunidades y congregaciones por la entrega generosa y la colaboración con la diócesis y con su presbiterio. León ha contado siempre con una muy notable presencia de la Vida Consagrada, incluso siendo cabecera de provincia religiosa en algunos casos. Bendigamos al Señor por toda esta hermosa realidad.      

+Julián, Obispo de León

Diócesis de León - Plaza de Regla, 7 - 24003 León (España)
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