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2020 Abril - JUEVES SANTO, Misa vespertina de la Cena del Señor

(9-IV-2020)   - "Haced esto en memoria mía"

            Ex 12,1-8.11-14; Sal 115                   1 Cor 11,23-26                   Jn 13,1-15

            Queridos hermanos:

            Hoy es Jueves Santo. Las circunstancias que estamos viviendo a causa de la pandemia que afecta a tantos miles de personas en todo el mundo y cerca de nosotros, hacen aún más viva y estimulante desde el punto de vista espiritual la celebración que conmemora la institución de la Eucaristía y del sacerdocio cristiano juntamente con la promulgación del mandamiento del amor fraterno. Son las realidades que el Señor nos dejó “en memoria suya” y que se actualizan cada vez que nos reunimos para “partir el pan” y “dar gracias”  tomando el cáliz.

            Procuremos todos entrar una vez más en el ambiente íntimo y cargado de confianza y de amor fraterno de este día, especialmente en la celebración vespertina que inaugura, como sucedió entonces, el recuerdo sagrado de los últimos actos de la existencia terrena de nuestro Redentor y Salvador Jesucristo. Guiados por la liturgia de la Iglesia e iluminados por la palabra de Dios, evocadora no solo de los acontecimientos sino sobre todo del alcance y significado de aquella memorable Cena, meditemos las palabras y los gestos del Señor.

        En esta emotiva celebración que inaugura el sagrado triduo de Jesucristo muerto, sepultado y resucitado, conmemoramos no solamente la institución de la eucaristía y del sacerdocio cristiano, sino también la promulgación de la Ley nueva, el supremo mandamiento del amor, centro y síntesis de lo que dijo y enseñó nuestro Redentor en su existencia terrena. Cuanto significa la eucaristía y manifiesta el sacerdocio se hayan contenidos en el doble gesto de Jesús: primero lavando los pies de los discípulos para darnos ejemplo y entregando, después, su cuerpo y su sangre, su persona y su vida, bajo los signos sacramentales del pan y del vino.

            Esta tarde todas las iglesias y capillas en las que se celebra esta liturgia forman un inmenso cenáculo en el que el Señor actualiza su entrega a la muerte “por nosotros los hombres y por nuestra salvación”, entrega que había iniciado en el momento de entrar en este mundo al encarnarse en el seno virginal de María: “Tú no quisiste sacrificios ni ofrendas, pero me formaste un cuerpo; no aceptaste holocaustos ni víctimas expiatorias. Entonces yo dije: He aquí que vengo… para hacer, ¡oh Dios!, tu voluntad” (Hb 10,5-7).

            Aceptemos y agradezcamos este inaudito gesto de amor, celebrémoslo hoy y siempre con la veneración y el asombro que surgen de la fe. Pero, sobre todo, procuremos proyectarlo y asumirlo en nuestra vida poniendo en práctica el “Amaos los unos a los otros” en correspondencia agradecida al sacrificio de nuestro Redentor. Él mismo dijo entonces que el cumplimiento de ese mandamiento es la señal por la que seríamos reconocidos como discípulos suyos. Con todo mi afecto fraterno:

+Julián, Obispo de León

Diócesis de León - Plaza de Regla, 7 - 24003 León (España)
Telf: 987 21 96 80 - Fax Secret.: 987 26 06 65

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