Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y mostrarle publicidad relacionada con sus preferencias mediante el análisis de sus hábitos de navegación. Si continua navegando, consideramos que acepta su uso. 

2020 Abril - VIERNES SANTO: Acción litúrgica de la Pasión del Señor

(Capilla de la residencia episcopal, 10-IV-2020)   -   "En esto hemos conocido el amor"

Is 52,13-53,12; Sal 30                   Hb 4,14-16;5,7-9                   Jn 18,1-19,42

            Acabamos de escuchar el relato de la Pasión del Señor según san Juan, relato abreviado a causa de las dolorosas circunstancias que estamos viviendo este año a causa de la pandemia del “Coronavirus”. Es un modo también de participar en la prueba soportada con dolor y con amor por nuestro Redentor Jesucristo. Acompañémosle espiritual pero sinceramente en el camino de la Cruz durante esta celebración, porque es un modo también de acompañar a todas las personas que sufren directa o indirectamente el contagio.  

            Se trata, en definitiva, de que compartamos los sentimientos de Cristo, que se hizo "obediente hasta la muerte y muerte de cruz" (Fil 2,8; cf. Hb 5,8). Llevemos, pues, nuestra propia cruz, la de nuestros dolores y frustraciones, la de nuestras dificultades y tropiezos. Acompañemos a Jesús, desde Getsemaní hasta el Calvario, como hizo el apóstol Juan, como hicieron la Madre del Señor y aquellas mujeres que lo habían servido desde Galilea (cf. Lc 23,49). Pero ayudemos también a todas las personas que avanzan por la vida cargados con el fardo insoportable de sus propios fracasos y miserias.  

            El relato de la pasión de Cristo, como las estaciones del Via Crucis, nos han hecho recordar los diversos actos, modos y tiempos del drama del sufrimiento humano. Nadie está libre de experimentar en su propia carne esta realidad que se manifiesta particularmente dolorosa en los niños y en las personas buenas. ¿Por qué sufren los inocentes? ¿Qué mal han hecho por el que tengan que pagar? ¿Por qué sufrió Jesús esa terrible pasión, Él que era justo, generoso y compasivo, incluso, con los fallos y los dolores ajenos? Solamente un amor hasta el extremo lo puede explicar aunque nosotros no logremos entenderlo.

            Lo dijo Él mismo: “Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna” (Jn 3,16). He aquí el tremendo contraste entre el amor infinito de Dios que se manifestó en la muerte de su Hijo, y nuestros pecados, los pecados de la humanidad, necesitada siempre de redención y de perdón.

            Meditemos en silencio y dejemos que el asombro y nuestra mala conciencia cedan el paso a la esperanza contemplando el drama de Jesús que comenzó en el huerto de Getsemaní y terminó en el Calvario. Meditemos estas palabras de la Carta a los Hebreos: Lo "vemos ahora coronado de gloria y honor por su pasión y muerte. Así, por la gracia de Dios, ha padecido la muerte para bien de todos. Dios... juzgó conveniente, para llevar a una multitud de hijos a la gloria, perfeccionar y consagrar con sufrimientos al guía de su salvación" (Hb 2,9-10; cf. Fil 2,8ss.).

                                                                               +Julián, obispo de León

Diócesis de León - Plaza de Regla, 7 - 24003 León (España)
Telf: 987 21 96 80 - Fax Secret.: 987 26 06 65

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. // administracionEsta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.