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2017 - MISA EN SUFRAGIO de la Rvdma. Madre Irene

MISA EN SUFRAGIO de la Rvdma. Madre Irene García de Prado - Fundadora de “Las Hermanas del Buen Samaritano” (Iglesia parroquial de El Burgo Ranero, 12-VIII-2017)

“¿Quién es mi prójimo?”

Is 58,5-11             Sal 116             Lc 10-25-37

Nos ha reunido en este día el deseo de rendir un homenaje de admiración y gratitud a una religiosa misionera, H. Domnina-Irene García de Prado, hija de este pueblo y parroquia de El Burgo Ranero, fundadora y primera superiora general de la Congregación de “Hermanas del Buen Samaritano”, fallecida piadosamente el 17 de febrero pasado en la ciudad de Molina, a pocos kilómetros de Talca, al sur de la capital de Chile. El Señor la ha llamado a los 89 años de edad, después de una larga y fecunda vida de amorosa entrega a los pobres y a los enfermos. Hace apenas un año había dejado su cargo de superiora por problemas de salud.

1.- Referencia biográfica de Madre Irene

Todos los que la han conocido -yo tuve esa gracia en el año 2005 con ocasión de la XVII Convivencia de Misioneros Leoneses- guardan un recuerdo muy grato de ella. Mucho más vosotros, sus familiares y convecinos. Pero el sentimiento natural que se experimenta cuando se pierde a un ser querido, en esta ocasión se transforma en íntimo gozo espiritual y en profunda admiración. ¡Cómo la recordarán sin duda las personas que recibieron su ayuda a lo largo de su dilatada vida de entrega a los más pobres hasta el punto de llamarla “la Teresa de Calcuta de Chile”! Había abrazado la vida religiosa en 1944 en la Congregación de la Siervas de Jesús de la Caridad, congregación que tiene como carisma el cuidado de ancianos y enfermos en hospitales, clínicas, casas de reposo o a domicilio. Madre Irene recaló en Chile en 1970 por obediencia pero llevando en su corazón el deseo de una mayor entrega personal. No sabemos si algún día meditó las palabras que hemos escuchado en la primera lectura: “Este es el ayuno que yo quiero: …partir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, cubrir al que ves desnudo y no desentenderte de los tuyos” (Is 58,6.7). Mensaje que todos deberíamos acoger y poner en práctica.

En 1978 dejó la Congregación de las Siervas y se entregó con total donación de sí misma a los enfermos más desprotegidos y necesitados de la sociedad. Así nació una nueva familia religiosa bautizada por el Obispo de Talca con el hermoso nombre de “Hermanas del Buen Samaritano”. Madre Irene dice en una carta de agosto de 2007 al entonces delegado diocesano de Misiones en León: “Me encomiendo a sus oraciones y le encomiendo toda la Congregación que pronto cumplirá 29 años de vida y con alegría y deseos de amar más y más a Dios en los más pobres, enfermos y abandonados. Queremos ‘hacer vida en nosotras la parábola del Buen Samaritano’”. Por estos motivos, en esta Misa por la Madre Irene, se ha proclamado el evangelio que recoge esta admirable parábola de nuestro Señor, un revulsivo también en nuestras conciencias para que no pasemos de largo ante los que sufren. Porque de nada nos serviría conocer los mandamientos de Dios como el interlocutor de Jesús, que dio una respuesta excelente ante la pregunta que el Señor le hizo acerca de lo que está escrito en la Ley, si no lo ponemos en práctica amando no solo a Dios sino también al prójimo.

2.- Perfil del carisma religioso de una fundadora

Y “¿quién es mi prójimo?” se atrevió a preguntar aquel maestro de la Ley, como queriendo encontrar algún límite que justificase su actitud. Esto lo supo muy bien Madre Irene y actuó en consecuencia. En el archivo de nuestra Delegación Diocesana de Misiones se encuentra un preciso paquete de cartas de Madre Irene dirigidas a los sucesivos delegados y a los “Jóvenes sin Fronteras”, grupos de muchachos ilusionados con las misiones. En una carta de 27 de abril de1974, cuando ella todavía era sierva de Jesús, escribía: “Trabajo en el cuidado de los enfermos… Soy, sencilla y llanamente, alma consagrada de cuerpo y alma al servicio de la Iglesia por medio de este Instituto lleno de entrega a los demás. Estoy muy feliz de estar aquí en vanguardia; hace tres años que llegué de España y espero con la gracia de Dios y las oraciones de todos Uds. Podré seguir entregando lo poco que soy y que valgo en bien de esta gente que de verdad nos necesitan…”. Madre Irene se había prometido a sí misma que no habría "ni un muerto más en la calle, abandonado y solo".

Esta parábola es un referente no solo para las religiosas fundadas por Madre Irene sino también para todos nosotros porque, en realidad, el Buen Samaritano es Jesucristo que sentía una compasión inmensa cuando veía a las muchedumbres como “ovejas sin pastor” (cf. Mt 9,36; 14,14) o cuando se detenía ante el leproso que necesitaba ser curado (cf. Mc 1,40-42), o ante los ciegos de Jericó (cf. Mt 20,34)…  Al final de la parábola, el Señor, curiosamente, da una vuelta a la pregunta del doctor de la Ley sobre quién es “mi prójimo” para enfrentar a su interlocutor y a todos nosotros con la responsabilidad de ayudar al necesitado o al que sufre. Por eso preguntó y nos pregunta quién se hizo “prójimo”, es decir, próximo y cercano a aquel herido. De este modo Jesús quiere movernos y empujarnos para que estemos junto a las personas que padecen alguna necesidad, material o espiritual, para acudir eficazmente en su ayuda. Esto fue lo que entendió y vivió Madre Irene. Así de sencillo y así de grande y hermoso.

3.- Testimonio de una familia cristiana

Estamos celebrando la Eucaristía que ofrecemos en sufragio de la madre Irene como debemos hacer por todos los fieles cristianos, también por los sacerdotes y personas consagradas cuando el Señor los llama para rendir cuentas de lo que hacemos en este mundo. Madre Irene, en uno de los mensajes que entregó a su sucesora cuando hace un año dejó el cargo de Superiora general, decía: “No permitas que ningún pobre se vaya llorando de esta casa por no haber sido atendido como se merece”. En una de sus últimas cartas que conservamos, fechada en la Navidad de 2007, cuando había cumplido 80 años, escribía: “Les agradezco a todos ustedes el que siempre hayan estado apoyando nuestra labor, por lo que como siempre le ruego al Señor, les dé la gracia de que no se cansen de hacer el bien”.

Debo terminar. En testimonio de gratitud a la familia de Madre Irene quiero leer también estas palabras suyas de una entrevista que le hicieron, aunque no he encontrado la datación. Le había preguntado: -“¿De dónde surgió su inspiración por ayudar a los pobres?” Y Madre Irene respondió: “De mi casa. Éramos catorce hermanos. Mi madre murió muy joven, yo tenía cuatro años cuando murió ella. Recuerdan mis hermanas que le decían ‘madre, llegó el pobre’ y ella decía ‘ya hijos, dejarle sitio’ y ella comía con ellos”. A continuación añadía lo siguiente: “Después me tocó estar con ese doctor que había hecho de su medicina un sacerdocio, pero además porque en el quirófano no hablábamos ni una palabra. Fui su mano derecha, ayudante, secretaria, era todo. Una vez en el quirófano me dijo que operar era como estar en Misa. Yo estaba conversando con otra hermana y me tomó las manos y me pidió silencio, explicándome que el altar era la mesa, el enfermo era Cristo, y nosotros no éramos más que sus manos para hacer el bien. Nadie hablaba una palabra”.

             Queridos feligreses de El Burgo Ranero y de otros lugares: Encomendemos al Señor con gozosa esperanza y gratitud a esta hija de nuestra Iglesia local que se consagró a Dios y a los pobres como tantos cientos de hombres y mujeres salidos de estos queridos pueblos de profunda y arraigada vida cristiana. Nuestra diócesis  ha sido siempre muy fecunda en vocaciones al ministerio sacerdotal y a la vida consagrada. Hoy estamos padeciendo una muy preocupante sequía vocacional, una de cuyas causas consiste en el enfriamiento de la vida cristiana en las familias como consecuencia también del ambiente secularizado que nos envuelve y paraliza. Pidamos también al Señor la gracia de la conversión de los corazones y el fortalecimiento de la fe y del amor cristiano en nuestros hogares y en toda la sociedad.

+ Julián, Obispo de León    

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