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2017 - DOMINGO XXVIII DEL TIEMPO ORDINARIO

Solemnidad de Santa Teresa de Jesús  (Convento de MM. Carmelitas, 15-X-2017)

 Venid a mí todos”

             Eclo 15,1-6; Sal 88             Rom 8,14-17.26-27             Mt 11,25-30

         Hoy es domingo, día del Señor. Él ha querido que le dediquemos en este día el recuerdo, la gratitud y la alegría de la fe. El domingo es también día de la Iglesia, convocada para celebrar la presencia y la eficacia del amor infinito de Dios. Pero hoy es también, especialmente en los conventos carmelitanos, la solemnidad de Santa Teresa de Jesús. Como sabéis, por una especial concesión del papa Francisco, a petición del obispo de Ávila, a partir de ahora, cada vez que la fiesta de nuestra Santa caiga en domingo, se celebrará un “Año Jubilar Teresiano”, jubilar de júbilo y de especial dedicación a Dios y a los bienes que Él nos ofrece continuamente. La referencia a Santa Teresa constituye la característica propia de este nuevo jubileo.

1.- Significado del Año Jubilar Teresiano

De este modo el Año Jubilar Teresiano se equipara al Año Santo Compostelano, sin duda el más conocido entre nosotros, además de los años santos romanos universales que se celebran periódicamente cada 25 años. Me parece que esta nueva celebración vinculada a Santa Teresa, virgen y doctora de la Iglesia, es una iniciativa pastoral importante por muchos motivos, y no es el menor el que brota del testimonio de nuestra Santa como maestra de espiritualidad para todos los fieles sin excepción.

       En efecto, todo Año Jubilar tiene como objetivo el  ayudar a los fieles cristianos a obtener de la misericordia de Dios el perdón de los pecados más allá de la satisfacción merecida que restablezca la justicia quebrada por el pecado en la relación entre Dios y el hombre pecador. La indulgencia plenaria significa que Dios perdona no solo los pecados a través del sacramento de la Penitencia sino también la pena merecida por ellos, especialmente si han sido graves. En cuanto a las condiciones especiales para lucrar la indulgencia de este nuevo Jubileo -las ordinarias siempre han sido la confesión sacramental y la comunión y la oración por las intenciones del Papa- se encuentra la visita a los lugares históricos teresianos y de san Juan de la Cruz en Ávila, Arenas de san Pedro y Piedrahita, lugares de los conventos históricos de los frailes y de las madres carmelitas en la capital y en el resto de la diócesis abulense, además del Monasterio de Santo Tomás por la importancia que tuvo en la espiritualidad de Santa Teresa.

El Año Jubilar Teresiano entraña, por tanto, una fuerte invitación no solo a imitar el ejemplo de intensa vida cristiana de Santa Teresa de Jesús y de los santos reformadores de la Orden del Carmen, sino también a valorar y agradecer el testimonio evangélico y de especial consagración de los religiosos y religiosas y de los miembros de institutos y sociedades de vida apostólica. Es este un bien muy necesario y estimable que renueva a la Iglesia y estimula a todos los fieles a vivir la propia vocación buscando siempre la voluntad de Dios. No olvidemos que los consagrados y consagradas han dejado todo para realizar ese ideal con total entrega de sí mismos, con el corazón indiviso para vivir en Cristo, en la Iglesia y por el bien de todo el pueblo de Dios tratando de ser “amigos fuertes de Dios” en expresión de Santa Teresa de Jesús.

2.- El mensaje permanente de Santa Teresa a la luz de la palabra de Dios

            Las lecturas de la palabra de Dios que se han proclamado, las propias de la Misa de la Santa, a la vez que nutren nuestra fe, nos invitan a cultivar la experiencia verdaderamente privilegiada de la oración que consiste, según su célebre afirmación, en “tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama" (Vida: 8,5). La oración,  en cuanto "tratar de amistad" y tratar “a solas", supone buscar relacionarse con Dios no tanto en la soledad física porque la oración comunitaria es también verdadera oración, sino en actitud de escucha, de atención, de concentración de la mente y del corazón en Aquel que es “tan buen amigo”, en otra bella expresión teresiana (cf. Vida, 22,6-7).

En este sentido la oración es modo y medio para alcanzar la sabiduría que viene de lo alto, que se logra mediante el conocimiento de la ley de Dios y de su divina voluntad, que sale al encuentro de aquel que lo busca “como una madre y lo recibirá como la esposa de la juventud”, en expresión de la primera lectura (Eclo 15,2). El Papa Francisco ha comentado esta definición teresiana de la oración de este modo: “El «trato de amistad con quien sabemos que nos ama», es una forma privilegiada «de avanzar en una amistad que tanto más crece cuanto más se trata al Señor, ‘amigo verdadero’ y ‘compañero fiel’ de viaje, con quien ‘todo se puede sufrir, pues siempre ayuda, da esfuerzo y nunca falta’» (Santa Teresa, Vida, 22,6)”[1].

La sabiduría divina que viene a nuestro encuentro en la oración, se reveló en el Nuevo Testamento como una persona en Jesucristo, el Verbo de Dios hecho hombre, pero también en la acción del Espíritu Santo enviado a nuestros corazones. Lo escuchábamos en la II lectura: “El Espíritu acude en ayuda de nuestra debilidad, pues nosotros no sabemos pedir como conviene; pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables” (Rom 8,26). Los discípulos de Cristo, por difíciles que sean las circunstancias que debamos atravesar en esta vida, no estamos nunca solos ni abandonados a nuestra suerte. El Espíritu Santo no solo inspira la oración sino que la hace brotar del corazón, es decir, de lo más íntimo de nuestro ser y la hace conforme con la voluntad divina. Digamos que no solo la sugiere sino que la guía y conduce. Por eso el apóstol decía también que el “mismo Espíritu da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios” (8,16).

3.- Santa Teresa, maestra y modelo de vida cristiana para todos

     Estas referencias a la idea que Santa Teresa tenía de la oración fueron uno de los motivos por los que fue declarada doctora de la Iglesia el 27 de septiembre de 1970, por el beato Pablo VI, ratificando así algo que ya muchos maestros de la vida espiritual venían descubriendo a medida que se adentraban en su rica doctrina sobre la vida interior.  En este sentido el Año Jubilar Teresiano se presenta como una nueva invitación y oportunidad para todos los fieles cristianos, especialmente para los ministros de la Iglesia, para las personas  consagradas y para los fieles laicos que quieren vivir y trabajar en el mundo pero en coherencia con su fe y la gracia de su bautismo. Todos los cristianos estamos llamados a la santidad de vida, que no consiste precisamente en una heroicidad reservada a unos pocos sino que es una vocación universal que alcanzará mayor o menor grado en la medida en que cada uno responda a esa invitación.

Vocación general, llamada abierta, propuesta de comunión con Dios en Jesucristo y con el Espíritu Santo en cualquier estado de vida. Santa Teresa de Jesús alcanzó ciertamente las cumbres de la vida mística, pero pasó también por noches oscuras y por numerosos momentos de duda, de angustia y de vacilación. Pero procuró siempre ser fiel al Señor:”El que escruta los corazones sabe cuál es el deseo del Espíritu, y que su intercesión por los santos es según Dios” (Rom 8,27), decía san Pablo en la II lectura. Y es cierto, porque el Espíritu que nosotros hemos recibido, que no es del mundo sino de Dios, es el Espíritu del Padre y del Hijo, y suscita los dones y carismas que enriquecen la vida espiritual de la Iglesia, que no puede nunca ser asimilada a la mente del mundo.

Confiemos, pues. El Señor mismo, a continuación de la plegaria que recogía el evangelio que escuchábamos, propio de la fiesta de Santa Teresa, hacía suya la oración de todos los hombres y mujeres de buena voluntad, no precisamente de los que se consideran “sabios y entendidos” sino la “gente sencilla” a la que el Padre se ha querido revelar (cf. Mt 11, 25). No dudemos, pues, en acercarnos a Él una y otra vez, especialmente en el cansancio o el agobio de la vida, porque Él mismo se presentó “manso y humilde de corazón” para que encontremos siempre sosiego y paz, el descanso verdadero, en su presencia y cercanía (cf. 11,29-30). Que el nuevo Año Jubilar Teresiano sea motivo y estímulo para renovar, una vez más, nuestra vida cristiana, religiosa y sacerdotal.

+ Julián, Obispo de León

 

[1] S.S. FRANCISCO, Mensaje a Mons. Jesús García Burillo, Obispo de Ávila, con motivo del V Centenario del Nacimiento de Santa Teresa en 2015.

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