Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y mostrarle publicidad relacionada con sus preferencias mediante el análisis de sus hábitos de navegación. Si continua navegando, consideramos que acepta su uso. 

2018 Marzo - SOLEMNIDAD DE SAN JOSÉ, ESPOSO DE LA VIRGEN MARÍA

ADMISIÓN AL MINISTERIO
(Parroquia de San Martín, 19-III-2018) 
"José hizo lo que le había mandado el ángel"

            2 Sam 7,4-5a.12-14a.16; Sal 88             Rm 4,13.16-18.22                    Mt 1,16.18-21.24a

            Aunque la solemnidad de San José, no ha sido día festivo laboral este año, no por esto vamos a dejar de venerar al “servidor fiel y prudente”, a quien el Señor quiso poner al frente de su familia (cf. Lc 12,42). Ayer, domingo V de Cuaresma, tenía lugar la jornada eclesial del “Día del Seminario”, pero hoy nos reunimos gozosos para encomendar al Esposo de la Santísima Virgen María y Custodio de nuestro Redentor, la formación de los futuros presbíteros en nuestros Seminarios Diocesanos de San Froilán y Redemptoris Mater “Virgen del Camino”. La circunstancia de encontrarnos dentro del “Año pastoral diocesano vocacional” nos ha movido a celebrar hoy también el rito de la Admisión al Ministerio ordenado de un grupo de seis alumnos de los citados Seminarios.

  1. La vocación de San José y su importancia en la vida de Jesús

          Este rito es una celebración de la Iglesia en el que predomina la plegaria en favor de quienes han escuchado la llamada del Señor y se disponen a ser sus ministros en el ejercicio pastoral ya cercano, primeramente en los ministerios de la proclamación de la palabra de Dios y del servicio al altar y después, con la gracia sacramental ya, en el diaconado y en el presbiterado. El marco litúrgico de la solemnidad de San José, coincidiendo con el DIA DEL SEMINARIO, nos ayuda a valorar todo servicio y ministerio pastoral en la Iglesia precisamente desde la contemplación de lo que es la vocación, toda vocación pero especialmente la relacionada con el sacramento del Orden tomando como referencia a quien ha sido el cabeza de familia -la Sagrada Familia- de nuestro Señor y Redentor Jesucristo.

            En este sentido San José es modelo de fidelidad a una vocación muy concreta y no precisamente fácil, la de ser el esposo de la siempre Virgen María y el padre adoptivo del Hijo de Dios hecho hombre. El Evangelio ponía de manifiesto la angustia que experimentó al tener conocimiento de la futura maternidad de María. Pero José, “como era justo y no quería difamarla, decidió repudiarla en privado” (Mt 1,19). Sin duda sentía un amor profundísimo y lleno de respeto por María, y por eso no quiso ponerla en evidencia. Cuando buscaba una salida a aquella situación tan delicada, el “ángel del Señor” no solamente le abrió camino sino que lo introdujo en el misterio de la encarnación del Hijo de Dios. En virtud de este misterio, la que según la ley era la «esposa» de San José, se convirtió, permaneciendo virgen, en Madre del Salvador por obra y gracia del Espíritu Santo. Y cuando el Hijo vino al mundo, San José, haciendo las veces de padre, le puso “por nombre Jesús porque él salvaría a su pueblo de sus pecados” (1,21).

     El mensajero divino se había dirigido a él para confiarle la doble misión de amparar y tutelar al Hijo de Dios encarnado, de manera que una vez despertado del sueño hizo lo que le había mandado el ángel del Señor”, acogiendo a su esposa (cf. 1,24). Al hacerlo, tomó sobre sí en todo su valor el misterio de la maternidad divina de María. San José la recibió junto con el Hijo que llegaría al mundo por obra del Espíritu Santo, demostrando así  una disponibilidad de voluntad, en cierto modo equiparable a la de María, en orden a lo que Dios le pidió por medio de su mensajero. De este modo San José aseguró para Jesús la vinculación con la casa de David, tal y como había sido anunciado por el profeta Natán en la I lectura que hemos escuchado.

  1. La solemnidad de San José y el “Día del Seminario”

        Esa vocación de San José como padre adoptivo, protector y educador de Jesús en lo humano, es lo que ha hecho que la Jornada eclesial de los Seminarios Diocesanos haya estado vinculada a la solemnidad de nuestro Santo. La especial relación de San José con las vocaciones y el Seminario tiene su origen en España en pleno siglo XIX, en una época de gran escasez de candidatos al ministerio sacerdotal como consecuencia de las revoluciones del momento. Por entonces un joven sacerdote de la diócesis de Tortosa, el beato Manuel Domingo y Sol, fundador  también de los Sacerdotes Operarios Diocesanos, estableció en 1873 un colegio para seminaristas sin medios económicos, bajo el patrocinio de San José que unos años antes había sido proclamado por el papa, el beato Pío IX, Patrono de la Iglesia Universal.

            Desde entonces, los colegios de vocaciones, las obras de fomento y sostenimiento de estas y los propios seminarios diocesanos empezaron a acogerse a la protección de San José, aun cuando llevasen, como el nuestro más antiguo, el título del Patrono de la diócesis, San Froilán. ¿Cómo no recordar hoy también a tres sacerdotes operarios diocesanos, testigos de la fe del s. XX y por tanto mártires de Cristo, los beatos Miguel Amaro, Tomás Cubells y José María Tarín, que fueron formadores de nuestro Seminario de San Froilán y a cuya intercesión hemos confiado también el “Año pastoral diocesano vocacional” que venimos celebrando? Hoy tenemos también como protectora del segundo Seminario diocesano, el “Redemptoris Mater” a “Nuestra Señora la Virgen del Camino”. A Ella, nuestra Reina y Madre, confiamos también el problema de las vocaciones.

       Pero volviendo al Patrocinio de San José, no quiero dejar de recordar que está especialmente vinculado al que tiene también sobre toda la comunidad eclesial. Con palabras de san Juan Pablo II: “Desde los primeros siglos, los Padres de la Iglesia, inspirándose en el Evangelio, han subrayado que San José, al igual que cuidó amorosamente a María y se dedicó con gozoso empeño a la educación de Jesucristo, también custodia y protege su cuerpo místico, la Iglesia, de la que la Virgen Santa es figura y modelo” (Redemptoris Custos 1). En efecto, el hombre elegido por Dios para la formación humana del Verbo encarnado, es también el protector, dentro de la Iglesia, de quienes están llamados a servirla como continuadores de la obra de N.S. Jesucristo.

  1. Los “Apóstoles para los Jóvenes” y el Año vocacional

            La misión confiada a San José es una verdadera paternidad espiritual que se extiende, como la de Abrahán, hacia toda la gran familia de los discípulos de Jesús. Por eso la Iglesia invoca a nuestro Santo como especial patrono y protector, al tiempo que pone también bajo la tutela amorosa del "Custodio del Redentor" los seminarios de casi todas las diócesis españolas, en los que se forman los futuros presbíteros, llamados a ser, ellos también, padres espirituales y custodios de la educación del pueblo cristiano en la fe. De este modo la Iglesia aspira a que estos centros sean también un reflejo del hogar de Nazaret, modelo de las familias cristianas y, por lo mismo, referente para la formación de quienes han de crecer, como Jesús, en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres” (Lc 2,52).

     Confiemos, pues, a San José a nuestros futuros presbíteros y diáconos y a los demás cooperadores en la misión de la Iglesia. El “Día del Seminario” de este año ha tenido como lema la expresión “Apóstoles para los Jóvenes”. El motivo es muy sugerente: los jóvenes deben ser los primeros apóstoles, es decir, los evangelizadores de los propios jóvenes, es decir, de los chicos y chicas integrantes de su propia generación. Por eso ellos han de ser también los primeros en compartir la llamada del Señor desde los pensamientos y actitudes con las que se identifican, por novedosas o incomprensibles que puedan parecernos a los demás. El reto afecta no solamente a los seminaristas sino también a todos los jóvenes cristianos, conscientes de su fe y de su adhesión a Jesucristo. “Apóstoles para los Jóvenes”, con los jóvenes y entre los jóvenes. Hoy mismo ha comenzado en Roma una reunión de jóvenes de todo el mundo, preparatoria de la próxima  Asamblea especial del Sínodo de los Obispos dedicada a ellos y que se celebrará del 3 al 28 de octubre de este año bajo el lema: “Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional'. Pidamos ya desde ahora por el fruto de esa esperanzadora e ilusionante convocatoria.     

            Queridos seminaristas, especialmente los que vais a dar el primer paso hacia la cercana ordenación: Esta es también vuestra hora, la hora de dar testimonio de la vocación recibida y de compartir con vuestra generación la experiencia de la fe y de vuestro encuentro con Jesucristo. No estaréis solos. La entera Iglesia diocesana os acompaña y apoya con su afecto, su oración y su esperanza.

+Julián, Obispo de León

Diócesis de León - Plaza de Regla, 7 - 24003 León (España)
Telf: 987 21 96 80 - Fax Secret.: 987 26 06 65